Quisiera estar allá, donde está el mar, frente al infinito de los hombres antiguos y el primitivo instinto de caos creativo.
Cómo deseara yo leer un libro en las costas frías del agua salada y mecerme tranquila sobre algunas cuerdas bien equilibradas, escuchar música... sentir la brisa en mi rostro, pegada con los granos de arena a mi mejilla...
Pero más anhelara visitar a mi abuela, dejada atrás por el descuido y la cotidianidad, bajo un ángel del silencio que resguarda su tiempO infinito y parsimonioso. Llevarle una planta viva, llena de verde y lila para darle color a un lugar tan lúgubre. Para iluminarle las tardes tibias y los días grises y sordos, entre muertos que no cocinan nunca para demostrar su amor.
Me gusta imaginar que en la playa älguien puede hallar, al paso de un ángel, el silencio suficiente para conocer a mi abuela.
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