De tanto en tanto me veo melancólica a la orilla del río
Me veo de manta blanca y fresca bajo el sol de agosto,
Pensando en mi abuela: vieja, sabia y elegante, en una casa de patio grande y un árbol de tamarindo que se extiende sobre el cielo dando una sombra reposante
De tanto en tanto imagino que vuelvo, como las hojas en otoño, al pueblo de mi madre y de mi abuelo
Que le visito en su eterno reposo de flores frías y secas y le llevo las nuevas de la familia
Que le cuento, como sólo yo se hacerlo, que mi prima se ha casado con un idiota de sombrero corto y que la beba le ha salido hermosa
Que Ele se quiere volver de la ciudad al pueblo y que Faby, la mayor, tiene un nuevo centro de mesa con manzanas rojas y amarillas que huele a campo
Le cuento, en esto que pienso, que mi abuela sigue triste por su partida
triste de gravedad y de llanto
Que los ojos se le fueron poniendo grises y los relatos se le terminaron
Que la casa se llenó de polvo e historias viejas que se niegan a abandonar el pórtico
De tanto en tanto sólo pienso en el silencio de los momentos pasajeros,
que se eternizan en el cuarto de los recuerdos
Que sólo llegan como oleadas purpúreas hasta mis ojos
y se asoman, y reviven mis desconsolados momentos de estatismo metafísicO,
mientras imagino la ausencia de la muertë
Me veo de manta blanca y fresca bajo el sol de agosto,
Pensando en mi abuela: vieja, sabia y elegante, en una casa de patio grande y un árbol de tamarindo que se extiende sobre el cielo dando una sombra reposante
De tanto en tanto imagino que vuelvo, como las hojas en otoño, al pueblo de mi madre y de mi abuelo
Que le visito en su eterno reposo de flores frías y secas y le llevo las nuevas de la familia
Que le cuento, como sólo yo se hacerlo, que mi prima se ha casado con un idiota de sombrero corto y que la beba le ha salido hermosa
Que Ele se quiere volver de la ciudad al pueblo y que Faby, la mayor, tiene un nuevo centro de mesa con manzanas rojas y amarillas que huele a campo
Le cuento, en esto que pienso, que mi abuela sigue triste por su partida
triste de gravedad y de llanto
Que los ojos se le fueron poniendo grises y los relatos se le terminaron
Que la casa se llenó de polvo e historias viejas que se niegan a abandonar el pórtico
De tanto en tanto sólo pienso en el silencio de los momentos pasajeros,
que se eternizan en el cuarto de los recuerdos
Que sólo llegan como oleadas purpúreas hasta mis ojos
y se asoman, y reviven mis desconsolados momentos de estatismo metafísicO,
mientras imagino la ausencia de la muertë
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