martes, 20 de octubre de 2015

Minuta del presente

Ocho veinticinco de la maniana...

Tres alegres jovenes muertos cantan para mi, como lo hicieran para cualquiera que quisiera oirles, en una fria maniana de octubre. 

Escribo estas tres lineas como testimonio de la escritura que nos imbeste, que nos llena las manos, la mente: que nos guia los pasos como a personajes. Porque a los treinta anios puedo ver la delgada linea que nos separa de la realidad, que nos convierte en lo que somos sin que podamos o queramos cambiarlo.
    De modo que escrita escribo.
 
Aquella maniana, ella decidio como seria su futuro los siguientes anios... decidio que los meses de gracia que el destino le habia regalado le servirian para recomenzar a hacer aquello para lo que estaba viva, por el puro placer de convertirse en la persona que habia siempre soniado. Un poco para exortizar la sensacion de haber fallado y un poco para aprender a leer nuevamente.
    En tres meses y veintiocho dias habia regresado seis mil anios a dormir a la cueva donde fue inventada... fue tambien al futuro y encontro aquella que habria sido su casa. Encontro a quien la habria acompaniato mil anios, para terminar un viaje comenzado en la prehistoria...Cocino, costuro, manejo... fue mama y esposa, fue prima e hija. Fue nuevamente adolescente y regreso al cine, luego de quince anios, para descubrir que las primeras citas son siempre magicas. Y se descubrio observada de lejos por un principe que al posto del caballo tenia una bicicleta, por castillo una cueva y por mascota un asno llamado Pepe.
    
En breve: suspirò con el verano y volvio a la vida, como las flores que se abren con la llegada del sol. Y aquella fria maniana de otonio comenzo un nuevo ciclo.