viernes, 28 de noviembre de 2008

BëlleZa: las cOsas como sÖn

CuandO se trata de dar una opinión estética nos convertimos en personas detestables.

El juicio emitido a aquellos que han hecho menos a otrOs, en el paso de la historia, es tan fuerte [he ahí toda nuestra declaración de vergüenza ante los actos barbáricos cometidos contra los judíos en la segunda guerra mundial]; pero nuestras acciones diarias son tan similares, después de todo... siempre se comienza por la discriminación a pequeña escala. Bien se ha dicho que la falla de todo sistema se refeja en el punto más pequeño del mismO... y es que somos tan especiales... tan quisquillosos cuando se trata de decidir qué es lo bello... lo estético, lo pasable, lo permitido. Lo feo es lo diferente, lo común, aquello que quizá nos definió en sus orígenes.
Y yo me pregunto si es posible cambiar esta ideología: este modo de ver lo que nos rodea.
Porque resulta fácil etiquetar todo lo que nos rodea, cuando nuestro anhelo es parecernos a la hermosa modelo que se mueve sobre la pasarela, a la actriz que sale junto a Gael... que importa mucho si el otro hace buena pareja con uno, si las fotos son de revista... si los niños salen bellos y se mejora a la familia.


Qué es esto? Cuál es este enrarecido patrón que nos obliga a juzgar por lo exterior a otros? Somos nosotros mejores si el cuello es más largo y los ojos claros?

Veo frente al aparador de las tiendas de moda... a maniquies altas... blancas... finas... esbeltas, delgadas, flaKas, esqueléticas.... de pestañas largas y miradas altivas... los ojos que se posan en ellas brillan, anhelan; se sienten inspirados y buscan a cada paso cubrir el prototipo de ropa, cuerpo, cara y personalidad. La pérdida de lo genuino por lo "estéticO" parece un monstruo gigantesco que debora todo aquello que se le atravieza. Que contamina cualquier ideología.
El mundo caro.cara excluye al individuo "común"... y le enseña a excluirse así mismo... a devalorarse y revaluarse bajo los tratados y condiciones de otrOs pocos.

.Entonces así es esto: los más por los menOs diciendo como es todo?... no lo creo.

Habría entonces que ver las cosas como sOn: volver a contar con nosotros mismos o quedar en la mayoría excluída y excluír así a la minoría excluyente, en una concepción nueva en la que obtener siempre lo mejor se convierta en una colectividad, más que sanguinea o afectiva, humana.
Anny





martes, 18 de noviembre de 2008

Negación

El imbécil neoliberalista que me habita me insta al consumismo… prendo la tele y veo cosas que no necesito para vivir, que no me harán una mejor persona y que no me servirían en un nuevo modo de vida… pero quiero comprarlas. Quiero tener esa nueva computadora de posibilidades infinitas que jamás podría usar en toda su capacidad, ese reproductor de millones de canciones y horas ilimitadas de pila… así no tendré que usar mi cerebro para pensar, ni pensaré sin advertirlo. Saturada mi vida, complicada, pesada, ardua… me pongo en huelga de hambre si no obtengo la estufa esa que funciona con apretar un botón; los aparatos que me permitirán tener mi cuerpo torneado y bello, justo en la comodidad de mi sofá y la crema de sales del mar muerto, que le devolverá a mi rostro la frescura que jamás tuvo.

En mis ratos libres busco algún video estúpido en Internet o compro una película en mi sistema de cable satelital. La vida es muy poca cosa para disfrutar todos los beneficios que el dinero pueda comprar. Es en este punto en que reparo que hay que tener dinero para vivir así; como alguien civilizado, como alguien normal que sólo aspira a dar un mejor nivel de vida a su familia, a los suyos. Por ello me es necesario pagar un elevado seguro de vida, para que a mi muerte aquellos que llevan mis ojos y ADN sigan teniendo la posibilidad de ser felices. La felicidad es muy cara por estos días.

Pienso y repienso cómo habrán hecho los sujetos de la antigüedad que no tenían la posibilidad de un auto, un avión o un celular… imagino lo infelices que fueron sus vidas y siento compasión por ellos. Sin ropa de marca y patrones estéticos inaccesibles la belleza me parecería una ilusión absurda y ordinaria.

De modo que el mundo se ha vuelto complicado y plástico: los niños nacen valuados por la riqueza o pobreza de sus padres, ciudades o países. No existe ya nadie que pueda vivir sin necesitar un centavo para ser exitoso. El éxito es un concepto claro al que cualquiera, con tres dedos de frente, debe o debería llegar para ser mejor… para salir de la mediocridad colectiva… para aplastarla y fundar empresas, iglesias y centros comerciales. Un pequeño mundo en que todo viene en empaque individual, con la posibilidad de agrandarse de acuerdo a las posibilidades. He ahí las vacaciones en crucero, los tours a lugares exóticos que exhiben otras culturas como novedades carnavalescas: la óptica económica como premisa de vida.

Podría haber otro modo de vida… uno que tomara en cuenta las necesidades de otro. Pero el imbécil que me habita no sabe qué es la otredad, desconoce cualquier concepto ajeno al sistema económico mundial. Busca su propio bien… lo procura a costa de lo que sea. Pelo brillante y sedoso, la vida como jamás la habías visto, el auto de tus sueños, la seguridad de los que amas, la comodidad a un botón de distancia, sonido envolvente, cambiar de hobbie cuantas veces se quiera, el secreto de la belleza, el mejor amigo (un objeto inanimado), obedece a tu sed, no dejes que te atrapen… la vida es joven. ¿Quién puede pensar en alguien diferente a si mismo con imperantes como estos? ¿Quién puede ser feliz sin una Hummer, Palm, sopas instantáneas, reproductores costosos, cámaras fotográficas, cámaras de video y teatro en casa? No lo concibo, ni parece figurar en los estereotipos recurrentes nadie que no se sujete a esta norma. Consumirlo todo es la ambición, poseer, tener y guardar para la posteridad. Para el despojo involuntario y la corrupción sistemática de mi propia persona.

El imbécil me muestra su visión del mundo en el risco más alto de la montaña, me la obsequia junto a las naciones de la tierra, y en verdad entiendo su lógica… sólo que me parece algo inhumana, egoísta, sórdida y maquiavélica.

Anny

viernes, 7 de noviembre de 2008

ÄmÖr-ëS

¿Es un valor? ¿Una necesidad? ¿Una utopía?


El amOr me parece la búsqueda constante de un algo, un qué o un alguien. La implícita necesidad de vivir en otros ojos y el instinto de sobrevivencia.
Inherente a la raza humana, como es, el amOr se erige orgulloso sobre cualquier otro concepto: lo desplaza, empaña y desaparece. Paso que danza entre la universalidad nacional, local e individual del sujeto racional: amOr es femenino. Es sentimiento, nombre y apellido. Entidad independiente y carismática de espíritu generoso y vivificador que se acerca al hombre en su polifacetismo divino.
Es libertad, entrega, transformación, cambio, permanencia; conocimiento e ideología social. El amOr es hallar sentido en la otredad, la plenitud de la compañía y la certeza misma. Es propio, autónomo y primigenio. Brota de algún punto desconocido y cohesiona al alma.
Si todo desexistiera en algún momento y sólo permaneciera el estatismo del universo silencioso, circular y expansivo; el amOr encontraría el modo de abrirse paso en algún momento y crearía, nuevamente, la vidä.
AnnY

lunes, 3 de noviembre de 2008

Dependencia

Me descubro cobarde y sórdida frente a la vida. Si existe una visión plena y poética ahora no puedo vislumbrarla. Detenida como estoy en el café del parque, veo a los niños y señores caminando con determinación y aplomo; con ilusión, con ánimo. Me pregunto cuánto tiempo más puedo dilatar en la mesa 23... y la respuesta es la evidente prueba de mi falta de sentido. Hay tanto que me mueve e incomoda que quisiera correr a las calles y acomodar al mundo. Pero me temo que no se cómo.
Pienso ahora en el miedo que hay en no cumplir un propósito y me aferro al sobre cerrado frente a mi asiento; en él está el futuro inmediato y el incierto... como en un manuscrito que podré leer en el final de los tiempos. Cuando cien años hayan consumido a Macondo y no se oiga más ladrar a los perros.

Tafé