He pasado mis días y noches soñando con un lunes especial y perpetuo. Un lunes de café que desaparezca toda reminicencia de la incertidumbre humana y reivindique a los oprimidos. Un lunes de hablar y decir todo aquello que tiene que decirse y de callarse por dentro y por fuera para aprender a escuchar.
He esperado lunes antagónicos en que no hayan dudas ni temores, en los que se levanten los caudillos y defiendan las causas justas que nos rodean. Lunes de besos largos y pausados, de abrazos llenos de sentido y miradas profundas.
Los martes, miercoles y jueves suelen traer consigo su propio afán, son completos y dotan de sentido al semanario. Los viernes son de libertad, de fiesta, de reunión con pinturas y pintores cultos... luego la pausa matinal de los sábados de gloria y los domingos circulares de cierre e inicio del todo. Luego entonces el lunes es siempre el momento oportuno para abrir y desempolvar las ilusiones y los sentimientos. Para llorar, cuando es necesario, y para disfrutar, como nunca y siempre, del mundo y sus contornOs.
He esperado lunes antagónicos en que no hayan dudas ni temores, en los que se levanten los caudillos y defiendan las causas justas que nos rodean. Lunes de besos largos y pausados, de abrazos llenos de sentido y miradas profundas.
Los martes, miercoles y jueves suelen traer consigo su propio afán, son completos y dotan de sentido al semanario. Los viernes son de libertad, de fiesta, de reunión con pinturas y pintores cultos... luego la pausa matinal de los sábados de gloria y los domingos circulares de cierre e inicio del todo. Luego entonces el lunes es siempre el momento oportuno para abrir y desempolvar las ilusiones y los sentimientos. Para llorar, cuando es necesario, y para disfrutar, como nunca y siempre, del mundo y sus contornOs.
Lunes de aroma, de grano y de cafË
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