Del semanario involuntariO que se sucede, me guste o no, lo que menos me parece son los lunes. No es una cuestión vivencial y tampoco es astrológica. Simplemente los siento sosos y faltos de algo inexplicable.
Alguna vez Unna, que es la niña en mis ojos, concibió el lunes como un día de cafés y charlas olgadas que se extienden hasta la cena. Pero al fin, cuando la cotidianidad cobra su pleno, son los días que menos me inspiran... quizá es una cuestión heredada o una idea preconcebida que no le hace justicia al día en que todo se empieza de nuevo; no obstante uno va seleccionando a lo largo de su vida aquello que le molesta para execrarlo de una vez y para siempre del metafórico y anhelado paraíso. Luego entonces: no me gustan los luneS.
Alguna vez Unna, que es la niña en mis ojos, concibió el lunes como un día de cafés y charlas olgadas que se extienden hasta la cena. Pero al fin, cuando la cotidianidad cobra su pleno, son los días que menos me inspiran... quizá es una cuestión heredada o una idea preconcebida que no le hace justicia al día en que todo se empieza de nuevo; no obstante uno va seleccionando a lo largo de su vida aquello que le molesta para execrarlo de una vez y para siempre del metafórico y anhelado paraíso. Luego entonces: no me gustan los luneS.
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