... Pero una cosa hago: olvidando ciertamente
lo que queda atrás, y extendiendome a lo que
está delante, prosigo a la meta, al premio del
supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.
lo que queda atrás, y extendiendome a lo que
está delante, prosigo a la meta, al premio del
supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.
En el presente, pasado y futuro existe esta idea de lo inacabado, la ilusión de lo finito y la constante de lo perpetuo. Existen los sueños contrapuestos unos sobre otros de forma cíclica y la subjetividad del sentimiento, propio de lo humano, del cual nadie queda exento.
En el marco del fin y el comienzo, a guisa de contemplación reflexiva, es posible vislumbrar todo un constructo de utopías y sueños, que se pierden en la búsqueda del propósito supremo para el que fuimos creados. El panorama venidero es, en cada caso, una niebla espesa y necesaria que se aclara con el sucederse de los tiempos y así, obligados a caminar por el metafórico valle de sombras, afianzamos los pasos en la meta última, el ejemplo escrito de quien vivió su propio evangélio, tan solo para descubrir que la nota de la esperanza está aun en aquello inimaginable que aguarda frente a nosotros.
En el marco del fin y el comienzo, a guisa de contemplación reflexiva, es posible vislumbrar todo un constructo de utopías y sueños, que se pierden en la búsqueda del propósito supremo para el que fuimos creados. El panorama venidero es, en cada caso, una niebla espesa y necesaria que se aclara con el sucederse de los tiempos y así, obligados a caminar por el metafórico valle de sombras, afianzamos los pasos en la meta última, el ejemplo escrito de quien vivió su propio evangélio, tan solo para descubrir que la nota de la esperanza está aun en aquello inimaginable que aguarda frente a nosotros.
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