jueves, 11 de diciembre de 2008

Compañía VictorianÄ

-Luego de un año y un mes de pensarlo, he decidido cerrar la fábrica de forma definitiva. Piensa que es duro pero necesario. Ya no creo que podamos encontrar ninguna medida para evitar la crisis que se avecina.
Al fondo de la oficina tapizada en rojo, una mujer delgada se encontraba llorando encogida de hombros con las manos envejecidas sobre el rostro.
-No llores, dijo con firmeza, tú misma me has convencido de lo mucho que perdemos aquí. El crecimiento ya no puede darse en sociedades, hay que fundar individualidades productivas.
-Pero este era el sueño de toda una vida
-Pero no funcionó. Ahora mismo haremos el aviso oficial.
-Hazlo tú, dijo ella con voz casi imperceptible, yo no quiero nada.
-Vamos, dijo una vez más con paciencia, no te pongas así, pareces una niña tonta. Tu capital está intacto ¿Qué te apura? Primero me hablas de que la fábrica se cae a pedazos y el uso de la inversión, y ahora, de pronto, me sales con esto... no te entiendo.
-Lo que pasa es que la fábrica da un sentido especial a mi trabajo, a mi vida, a mi...
-Perdóname Elisä, la decisión está tomada. Ya encontraremos todos otra forma de vivir. Y quizá puedas comenzar algunos de los proyectos que han quedado pendientes.
-Te lo suplico Manuel, dijo ella abrazandose a sus piernas rígidas, no cierres la fábrica... no este año, probemos este año.
Manuel la miró desde arriba con su rostro inexpresivo y la levantó con sus manos tibias para abrazarla larga y profundamente. Ella se aferró al cuerpo con fuerza y escuchó así su voz inquebrantable diciendo en el altoparlante:
"La fábrica está en bancarota. Lo sentimos mucho: pasen por su cheque de liquidación a la cajay desocupen el edificio... hoy mismo"
-Pero Manuel...
-La demolición será a las ocho en punto. Asegurate de que esté todo listo para entonces.
Elisä quedó sola en la habitación ruinosa y húmeda. Los empleados desconcertados preguntaron cosas que nadie respondió y poco a poco, fueron desalojando la fábrica hasta que el eco del vacío llenó cada rincón.
Hacia las ocho, Manuel levantó los ojos frente al edificio para contemplar, por última vez, el desértico complejo. Luego de lo cual dio la orden para derribarlo. Todo fue tan rápido entonces, que apenas pudo notar el cuerpo delgado de Elisä, asomado a la ventana de la oficina, unos segundos antes de que el edificio se desplomara y una cortina de polvo blanco cubriera el lugar.

Anny

1 comentario:

AnnY, Elë & Issä GuerrerO RíOs dijo...

FragmentO pequeño de un final en el que se defiende lo que se cree... aunque se pierda la vida en ellO...