En mis ratos libres busco algún video estúpido en Internet o compro una película en mi sistema de cable satelital. La vida es muy poca cosa para disfrutar todos los beneficios que el dinero pueda comprar. Es en este punto en que reparo que hay que tener dinero para vivir así; como alguien civilizado, como alguien normal que sólo aspira a dar un mejor nivel de vida a su familia, a los suyos. Por ello me es necesario pagar un elevado seguro de vida, para que a mi muerte aquellos que llevan mis ojos y ADN sigan teniendo la posibilidad de ser felices. La felicidad es muy cara por estos días.
Pienso y repienso cómo habrán hecho los sujetos de la antigüedad que no tenían la posibilidad de un auto, un avión o un celular… imagino lo infelices que fueron sus vidas y siento compasión por ellos. Sin ropa de marca y patrones estéticos inaccesibles la belleza me parecería una ilusión absurda y ordinaria.
De modo que el mundo se ha vuelto complicado y plástico: los niños nacen valuados por la riqueza o pobreza de sus padres, ciudades o países. No existe ya nadie que pueda vivir sin necesitar un centavo para ser exitoso. El éxito es un concepto claro al que cualquiera, con tres dedos de frente, debe o debería llegar para ser mejor… para salir de la mediocridad colectiva… para aplastarla y fundar empresas, iglesias y centros comerciales. Un pequeño mundo en que todo viene en empaque individual, con la posibilidad de agrandarse de acuerdo a las posibilidades. He ahí las vacaciones en crucero, los tours a lugares exóticos que exhiben otras culturas como novedades carnavalescas: la óptica económica como premisa de vida.
Podría haber otro modo de vida… uno que tomara en cuenta las necesidades de otro. Pero el imbécil que me habita no sabe qué es la otredad, desconoce cualquier concepto ajeno al sistema económico mundial. Busca su propio bien… lo procura a costa de lo que sea. Pelo brillante y sedoso, la vida como jamás la habías visto, el auto de tus sueños, la seguridad de los que amas, la comodidad a un botón de distancia, sonido envolvente, cambiar de hobbie cuantas veces se quiera, el secreto de la belleza, el mejor amigo (un objeto inanimado), obedece a tu sed, no dejes que te atrapen… la vida es joven. ¿Quién puede pensar en alguien diferente a si mismo con imperantes como estos? ¿Quién puede ser feliz sin una Hummer, Palm, sopas instantáneas, reproductores costosos, cámaras fotográficas, cámaras de video y teatro en casa? No lo concibo, ni parece figurar en los estereotipos recurrentes nadie que no se sujete a esta norma. Consumirlo todo es la ambición, poseer, tener y guardar para la posteridad. Para el despojo involuntario y la corrupción sistemática de mi propia persona.
El imbécil me muestra su visión del mundo en el risco más alto de la montaña, me la obsequia junto a las naciones de la tierra, y en verdad entiendo su lógica… sólo que me parece algo inhumana, egoísta, sórdida y maquiavélica.
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