lunes, 3 de noviembre de 2008

Dependencia

Me descubro cobarde y sórdida frente a la vida. Si existe una visión plena y poética ahora no puedo vislumbrarla. Detenida como estoy en el café del parque, veo a los niños y señores caminando con determinación y aplomo; con ilusión, con ánimo. Me pregunto cuánto tiempo más puedo dilatar en la mesa 23... y la respuesta es la evidente prueba de mi falta de sentido. Hay tanto que me mueve e incomoda que quisiera correr a las calles y acomodar al mundo. Pero me temo que no se cómo.
Pienso ahora en el miedo que hay en no cumplir un propósito y me aferro al sobre cerrado frente a mi asiento; en él está el futuro inmediato y el incierto... como en un manuscrito que podré leer en el final de los tiempos. Cuando cien años hayan consumido a Macondo y no se oiga más ladrar a los perros.

Tafé

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