Dejen todos los presentes que les hable de mi padre, se llama Martin. Ya esta viejo de los bigotes y los ojos, pero el alma la tiene joven. La renueva cada día leyendo, escribiendo, filosofando. Porque él sabe interpretar la realidad como pocos humanos en este desventurado y maravilloso planeta.
Mi padre tiene las manos grandes y ásperas, las uñas largas y fuertes, el color moreno. Sus manos de padre que nos cargaron, acudieron y levantaron de las caídas, son las mismas con que toca guitarra; con las que escribe; con las que gesticula cuando habla. También yo tengo los dedos largos y las manos ásperas, listas para acariciar o para arar la tierra. Mis dedos de pianista se parecen a los suyos de guitarrista. Cuando las veo sonrío y pienso en él.
Tiene los ojos café claro que padecen de miopia... es por ello que no se acostumbra al mundo roto en que vivimos, que quiere mejorarlo, para verlo con mas claridad. Ojalá todos sufriéramos del mismo mal e intentáramos, desesperadamente, aclarar este borroso mundo de ética dudosa y economia opresiva.
Mi papà ama estudiar, ama la naturaleza, los mares. Ama a sus hijos, a sus nietos, a mi madre. A mi madre primero que a nosotros porque a ella la eligió y tanto la ama que se dio, como regalo de cumpleaños un dia de treinta y seis años atrás, para hacerla feliz.
Mi padre ama la justicia y la busca. La busca por las buenas y, cuando es necesario, por las malas. Porque nos ha enseñado que ser justos es mas importante que muchas otras cosas... que por algunas cosas vale la pena luchar, vale la pena morir. Nos ha preparado como pocos para resistir a una realidad hostil, nos ha instado a transformarla positivamente.
Tiene un sistema de dichos todo suyo que nos guían dia a dia: no cualquier cosa ni a cualquier precio, te vas a arrepentir, yo se lo que te digo. A la fuerza ni los zapatos entran.
No he conocido aun a nadie, virtudes y defectos, que sea como mi padre. Porque a pesar de haberme dicho hasta el cansancio: no me pongas en un pedestal, porque no soy perfecto... como mi papa hay solo uno.
Por ello cuando tengo ganas de hablar con él, ganas de escucharlo tocar, de abrazarlo. Cuando me gana la nostalgia, en esta tierra lejana, salgo a mi balcón con la guitarra en las manos y, sin tocarla realmente, canto a todo volumen:
Por los caminos del sur, vámonos para Martin Guerrero... por los caminos del sur.
Dios te conserve y te guarde hasta que nuestros corazones vuelvan a encontrarse
Te amo.
1 comentario:
Te excediste... Pero tu amor de hija lo justifica... Y sí, te amo de a montón... Sé que nos volveremos a encontrar.
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