lunes, 6 de abril de 2020

Lunes de humanidad

De todos los dias de la semana santa, la ultima semana en que Jesus deambulò por la tierra, mis relatos preferidos se encuentran concentrados el dia lunes.
       Hasta el episodio del ingreso de Jesus a Jerusalen, montando un asno, podemos apreciar la versión mas santa del hijo de Dios. Jesus, contado en el mas novelístico de los estilos por cada uno de los evangelistas, es casi perfecto, una especie de semidiós: nacido en forma milagrosa, de una madre inmaculada. Hacia milagros a los cuatro años, obedecía a su madre. Un perfecto ejemplo teologico en su primera sinagoga. El Jesus que hace del agua vino, que es capaz de escuchar a las mujeres y darles importancia, siente compasión por los necesitados y enseña un nuevo evangelio de paz. 
     Jesus es valiente cuando es necesario: rompe las reglas religiosas, sanando el sábado, y las morales defendiendo a una prostituta. Jesus sabe anteponer la ética a la moral... pero es sabio y cauto cuando se trata de poder, así se gana la simpatia de los romanos. No parece un revolucionario pero dignifica al pobre, no quiere hacer la guerra pero llama entre sus discípulos al revolucionario, al recaudador de impuestos, a las mujeres que lo siguen y lo acompañan hasta su muerte. 
     Si no fuera suficiente su enseñanza filosofica popular, a base de simples parábolas, utiliza todo el poder, a él dado, para caminar sobre el agua, multiplicar los peces y aplacar una tempesta. Como podríamos imaginar que es humano un ser tan perfecto? pensar en un semidiós parece mas apropiado, en un supere héroe, como lo señala una canción cristiana. 
      No obstante la teologia se obstina en recalcar que, cuando nació de Maria, se hizo hombre. Un hombre iluminado quizá, como lo fuera Mahatma Gahandi o Buda. 
El lunes santo es el dia en el que la humanidad de Jesus viene a la luz. El dia de la ira, del juicio. No puede, el Jesus histórico, evitar quedarse callado cuando ve una injusticia, ni tampoco permanecer estatico cuando escucha que lo necesitan. Pero este Jesus, que inundado de ira volca las mesas de los negociantes en el templo; que desafía al poder religioso en un modo tan evidente, un Jesus justiciero que con un látigo en mano resuelve la situación que sus palabras no han cambiado: es un hombre que pierde la paciencia... exactamente como yo. 

Cuando purifica el templo Jesus entiende la indignación, la siente en sus entrañas de hombre. Su sangre, como la mia en algunas circunstancias, se ha calentado y ahora esta enojado como no lo había estado antes, ni siquiera los cuarenta días que ayuno en el desierto lo habían llevado a tal estado. Conoce así el hambre de la bienaventuranza que él mismo había enseñado: hambre y sed de justicia. Hambriento junto a una higuera que no tiene frutos, la maldice. Ya no tiene tiempo, ni ganas, de esperar a que llegue la estación de la fruta, como tampoco lo tiene para esperar que las personas a las que ha predicado por tres años cambien. 
     La ira de Jesus es implacable, no hay ya un espacio para la tolerancia, o tiempo para contar una historia, una parabola, para hacer de lo vivido una enseñanza filosofica. La higuera sin frutos se seca, poco importa si lo hace inmediatamente o el dia siguiente. Ella restara en la historia perennemente muerta, como testimonianza de la ira de este hombre cansado de esperar una reacción de quien le rodea. 

Es el dia lunes en el que Jesus se humaniza, a mis ojos de mujer. Y entonces toda su santidad y toda su enseñanza cobran un nuevo significado. No fue fácil para él y lo ha entendido, como lo entiendes tu y yo, seguir la via estrecha. 
     La condición humana tiende al egoismo, a la injusticia. El mensaje de Jesus cuando nos llama a seguirlo es evidentemente difícil de aplicar, porque trasciende a las convencionales reglas morales o religiosas. Toca al hombre con la fuerza iracunda del fuego y lo porta a perder la vida, para poder salvarla. 

No hay comentarios: