lunes, 22 de febrero de 2010

Mi ciudad

Hoy recorrí la ciudad... larga en su calle principal y llena de gente que deambula por las avenidas bajo el intenso sol de febrero. Aunque aquí el sol siempre es intenso. La recorrí de punta a punta, viendo con atención aquellos lugares nuevos, los viejos que se han reinventado para cambiar su funcionalidad y los viejos, viejísimos, que se han perpetuado ya como un monumento a lo clásico de lo inutil que no puede removerse.
Descubrí el parque central, que en algún tiempo fuera un sitio de reuniones dominicales familiares, en que los payasos hacían sus exibiciones y las muchachas que trabajaban entre semana salían con sus enamorados a pasear, tomadas de su brazo, luciendo sus mejores ropas. Tiempos en que quizá se consideraban respetuosos los edificios de gobierno y el kiosko era verdaderamente un punto vespertino desde donde se podía charlar. Pero ahora el parque es diferente. Luce nuevos colores en sus edificios viejos y alberga, en el centro, un mercado gigantesco de comida, chacharas y cosas, que ridiculiza el espacio público en que se llevan a cabo las más "importantes" desiciones gubernamentales. Así, las personas se pasean por el parque oliendo las carnes de res y cerdo que se ofertan a voces, y seleccionando las tallas de su preferencias para poder comprarlas.
Un poco es así, todo en la ciudad se ha vuelto el negocio de un negocio, o una enorme sucursal de proporciones transnacionales que sólo embauca a las personas para que compren más y más cosas.
Hay muchas cosas nuevas en las versiones de ciudad que uno recorre día con día, iglesias que se tiran y se levantan majestuosamente, con dinero sacado de las ofrendas de los pobres, policias que te detienen por infracciones menores esperando que les des un soborno, personas intentando verse siempre a la moda, aunque sea absurdo, personas pidiendo limosna, personas tratando de sobrevivir... personas y más personas en manifestaciones masivas dignas de levantamientos sociales, pero plantadas frente a las cajas, en las tiendas departamentales en las que todo es caro. Sacando cosas a crédito, paseandose orgullosas con bolsas nuevas llenas de cosas que no les hacen falta realmente. Personas fastidiadas del calor, personas fastidiadas de la vida y bancos que fastidian las ciudades con sus cuotas elevadas. Chicos en la calle que trabajan limpiando parabrisas, chicos que trabajan cantando canciones y chicos que trabajan robando. Ellos son criminales, por arrebatar de mala manera algo que generalmente el comercio arrebata con dulzura y gentileza.
En fin, una ciudad completamente plena se apareció ante mis ojos... dispuesta a ser devorada por mi, por cada uno de los pasajeros del camión de ruta que la atravieza una y otra vez mientras cambia.

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