martes, 15 de diciembre de 2009

Lógica cero

Yo no entiendo bien como funciona el mundo, como existen sujetos ligados a la racionalidad que explotan racionalmente y sin ningún recelo todo lo que les rodea. Sujetos que se elevan de la categoría propia de los animales, que es la que al menos alcanzamos todos, para colocarse en un plano superior inexistente y decidir sobre el destino de los otros que, sin deberla ni temerla, deben supeditarse a los designios divinos del empresario. Acaso sabrán algo que el resto de la mayoría desconocemos. Acaso habrán aprendido a cerrar los ojos, para no ver el sufrimiento del mundo por tan temible decisión; a cubrir sus oídos para no tener conciencia de culpa. A cerrar la boca para no gritar a pulmón suelto que necesitamos una nueva reforma ideológica que sea menos egoísta y más humana.

Bien podrían replantearse el concepto de humanidad, de dignidad, de vida, para que cada cosa se llame como se ve. Y el hambre se llame hambre, los pobres, pobres, se llamen desafortunados, y los ricos se llamen avaros, injustos, ladrones y asesinos, según su especie y color. Para poder al menos modificar la óptica de las cosas y desenmascarar las verdaderas pretensiones del capital. Habría también que educar a las personas, nuevamente, para enseñarles que el tercer mundo, que en realidad es el último, no está en vías de desarrollo, que no existe la igualdad social en un mundo tan disparejo y que no hay dignidad en aprender a comer una vez al año por imposición económica.

Hace un tiempo escuché a una vieja decir que el tercer mundo era un infierno de sujetos en estado animal, que no soportó tanta violencia, que había que envejecer para darse cuenta de cómo el mundo está como debe y la escoria de la humanidad está ahí, porque ese es su justo lugar. Yo en cambio, esperé que fuesen todos los que pensaban de esa manera, tan viejos como esa mujer, que fuesen los últimos en levantarse sobre nuestras espaldas y poner su pie sobre nuestro cuello. Que se extinguiese la raza de los opresores para que los oprimidos descubriesen por si mismos, que el cielo tiene tantas estrellas como el mar arena, que las playas fueron echas para contemplar la inmensidad del universo y que se puede ser feliz sólo poseyendo lo necesario.

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