Si tuviese que narrar, lo innarrable,
narraría el silencio,
ese silencio ruidoso que llena el espacio de ademanes y símbolos.
El silencio del agua bajando por la montaña, en torrentes fríos,
el silencio de la hierba movida por el viento;
de los árboles de pino y cedro conservandose callados frente al sol.
Narraría el silencio de las piedras grandes y brillantes
y de las vacas con enormes campanelas
que tienen las narices rosas.
Narraría, en fin, sin abrir mi boca
(el viento trae y lleva todo lo que necesita para comunicarse)
todo lo que veo de momento
sentada en la colina
ese silencio ruidoso que llena el espacio de ademanes y símbolos.
El silencio del agua bajando por la montaña, en torrentes fríos,
el silencio de la hierba movida por el viento;
de los árboles de pino y cedro conservandose callados frente al sol.
Narraría el silencio de las piedras grandes y brillantes
y de las vacas con enormes campanelas
que tienen las narices rosas.
Narraría, en fin, sin abrir mi boca
(el viento trae y lleva todo lo que necesita para comunicarse)
todo lo que veo de momento
sentada en la colina
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