De unos días para acá me ha vuelto la esperanza. Me he visto soñando despierta con mundos justos y lugares limpios, enrarecidos por la igualdad social y el desinterés individualista que suele imponer la sociedad.
He topadome viviendo en otros ojos y en otras historias ajenas a las mias, que sólo encuentran su punto común en el colectivo matutino de los "buenos días"; he sido así madre y abuela de un hombre barbado de sotana larga, la amante del cura de la parroquia que intenta disimular su culpa dandoselas de piadosa y la vecina valiente que enfrentó a un hombre con sus manos desnudas para proteger a sus hijos. He sido la buena, la mala y la pobre; la temerosa y la simple.
Y es que, pensado un poco en los recovecos de la existencia y en los complicados caminos por los que la vida nos arrastra es posible encontrarnos, luego de muchO, acompañados, duplicados y comprendidos por muchos alguienes desconocidos.
Es entonces cuando se advierte que a nadie le alcanza ya para comprar azucar y frijol; nadie tiene para tortillas, para tacos de maza, para pozol. Nadie tiene nada, mas que unos pocos... que lo tienen todo. Y en ese momento diminuto y epifánico, vuelve a mí la esperanza verde y llena de suspiros de otro mundO posible, excluido por voluntad y excluyente por principios, de todo aquello que no da vidÄ.
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