Reside principalmente en el valor que esto requiere, en la fuerza necesaria para afrontar cualquier situación adversa por perseguir un sueño. No es fácil y continuamente elegimos renunciar a hacer algo; dejar pasar la vida delante es más fácil que imaginarla, que construirla. Para trabajar sin convicción se necesita solo el coraje de un asno, de seguir adelante en el arado, aún cuando se está cansado. Pregunté a una niña que cosa quería estudiar, me dijo aún no lo sé.. Y yo le dije: que te gustaría ser de grande? Los dos adultos que me acompañaban me hicieron notar que era una pregunta incómoda, porque se sabe, me dijeron, que casi siempre lo que estudias no es lo que serás... Por qué? Me pregunto... Por qué nos hemos acomodado a este molde humano en el que la rueda gira y hay que girar con ella? Donde dejamos los sueños?
Hace poco me separé de mi esposo, había dejado de ser feliz... Y la primera vez que pasó por mi mente la separación me llene de miedo, es el futuro que nos causa este efecto, es la incertidumbre de lo que no se ve, lo contrario de la fe. Caminar en un cuarto con las luces apagadas, confiar en un desconocido, imaginar que las cosas pueden salir bien cuando todo se ve gris. No es fácil, no lo fue para mí como no lo es para ninguno.
Con cada aventura, con cada cosa nueva, nos presenta nuevamente la misma pregunta: porque hacerlo, estamos bien dónde estamos y aún si no estamos bien... Podría siempre ser peor. Pienso que sea porque para ello se necesita convicción, convicción más que coraje, más que seguridad, más que dinero. Se necesita convicción para construir una foresta en una tierra desolada... Para mirar el sueño más allá de la realidad; para tirarse en medio de la nada, con los brazos abiertos.
Ahora reconsidero las palabras de Jesus... Si tuvieres fe como un grano de mostaza y le dices a la montaña de moverse, ella se moverá. Quizá era esto de lo que hablaba, esta capacidad animal que se pierde cuando uno se humaniza, a los diez años, once, doce... Cuando aprendes las reglas de la economía, la física y la sociología. Esa capacidad que conservan solo los niños, los soñadores y los locos... Sin la cual la vida termina por ser una serie de eventos que se suceden con o sin nuestra intervención, en modo que en vez de protagonistas nos convertimos en escenografía, en adorno de un mundo que gira por sí solo.
La importancia de caminar en lo que se cree es para mí: el valor de imaginar a donde queremos llegar, la convicción de caminar aunque no veamos el camino bajo nuestros pies y en la fe de creer en lo que aún no es.
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