Como lo hice aquella vez en que me fui al mar una semana y me detuve por un mes, para conocer Guatemala.
Una puerta, una ventana... Un hueco para respirar aire fresco, aire de montaña... Para dormir toda la noche, para leer... Hace poco me dijeron: leer? Tu nunca lees... Y mi respuesta es: ya no escribo... Y no me va... Ya no me detengo, como el aire, para escuchar los murmullos de la tierra seca, para gozar del agua, mientras atraviezo el río de la vida... Para crear personajes inexistentes en mis mundos paralelos y para ser leída por alguien mas... En algún punto de la montaña, en una casa de piedra.
Divago desde hace meses en la ausencia de alteridad... como salir de los problemas a los que no he dado un nombre? Como vencer los miedos que rondan mis noches? O cómo detener el aleteo de las mariposas si es lo único que me regala sonrisas desde hace un tiempo? He encontrado un hermano que se ha ido, como sucediera en México, migrando al norte en busca de tierra de por medio,de estabilidad económica y emocional... Y me falta ya. He conocido y reconocido en un amigo al personaje de un cuento de hadas que, perdido, deambula por el bosque.
Con tristeza he asistido al decline de la relación de dos personas a las que creía conocer y de las que ahora no quiero acordarme, porque cercanas... Tanto da respirar en el mismo momento en el que abro los ojos por la mañana... Y me he propuesto de ser, en uno o en un otro modo, quien encuentre a la niña que vive en los ojos de Unna. Quien sabe si baste un café para hacerme feliz... Tiempo para mi... Aunque el concepto se me vaya de las manos.
Porque por fin me lo he encontrado y empezado a hablar... Que dices de la historia? Le falta un final?
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